En 2010 el equipo de investigadores del científico multimillonario Craig Venter logró un hito histórico: el de crear la primera forma de vida con un genoma sintético. Dentro de este ADN los científicos introdujeron varias frases y direcciones de correo electrónico junto a todo lo necesario para la vida de una bacteria. Ya en 2016, Venter sintetizó un genoma con la cantidad indispensable de genes y lo introdujo en una célula preexistente, una pequeña y simple bacteria, con lo que logró crear una forma de vida artificial mínima.
El objetivo de ambas investigaciones, que forman parte de un campo en pleno desarrollo y conocido como biología sintética, es diseñar genomas a medida. La idea es introducirlos en las células para que estas actúen como «chasis» en los que montar herramientas específicas. Con esto se puede lograr que los microorganismos trabajen como obreros incansables, fabricando medicamentos, hormonas y combustibles o degradando sustancias contaminantes.

«Caulobacter crescentus», cuyo genoma ha sido usado como base en esta investigación
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